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09/09
Cómo disimular una interna en un contexto de alta suciedad
El conflicto docente que tiene paralizadas a escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires (al que se sumaron algunas facultades), está desnudando la "importancia" que la administración Macri da a la educación y las viejas internas que erosionan al PRO, un partido con final abierto.

A esta altura del conflicto docente en la Capital Federal, son veinticuatro las escuelas tomadas y cuatro las facultades que se sumaron al reclamo de mejoras edilicias y presupuestarias después del rechazo de los delegados estudiantiles a la contrapropuesta de Esteban Bullrich, ministro PRO de un área objetivamente sensible para la clase media.

El apoyo tácito o explícito de esa táctica que hizo la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, echó más leña al fuego. Algunos se sintieron apoyados y otros manipulados, como Alejandro Lipcovich, presidente de la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires), quien reclamó la prescindencia de la política en esta materia.

Fuentes del ministerio de Educación porteño dijeron a Política&Medios que Bullrich, jaqueado por los cuatro costados, piensa que la intervención de la titular del Ejecutivo nacional resultó "una irresponsabilidad", y que se perdió la posibilidad de un "apoyo constructivo". Esa lectura es tributaria de la hegemónica en PRO: que el gobierno estaría obsesionado con Macri.

Sin embargo, lectura por lectura, también podría leerse la impotencia para encontrar una solución al conflicto como un capítulo más de la interna que divide al partido que administra la Ciudad: la que existe entre los seguidores de Gabriela Michetti (Marcos Peña, Martín Borrelli) y los de Horacio Rodríguez Larreta (Bullrich, Ritondo, Lombardi). Bullrich habría deslizado que parte del problema docente radica en la comunicación -a cargo de Peña, secretario general de la jefatura de Gabinete: comunicación que habría "fallado".

Pero la intervención de la presidenta de la Nación también disgustó a Lipcovich, que pidió no politizar el conflicto, como si el conflicto no fuera político, hacia dentro del sistema educativo, por ineficiente y desastrado, y hacia afuera, entre la juvenilia trotskista y los gobiernos comunal y nacional.

A ojos vista, la cosa no parece presentar un horizonte de consenso. Las tomas se reproducen, y los reclamos se multiplican: que florezcan mil flores no es una consigna de este tiempo sino de épocas prósperas o supuestamente prósperas. Porque lo que hay acá es política y una relación de fuerzas que está ahogando a la administración de un jefe de Gobierno que pasea con su novia por el cálido verano europeo.


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