
24-06-2009
El sociólogo Ignacio Fittipaldi opina en este artículo sobre la implicancia del tiempo político actual, la frecuencia con la que se escuchan frases con un “sinsentido perverso” y las opciones electorales que se presentan de cara al próximo 28 de junio.
En la novela de José Pablo Feinmann, La Astucia de la Razón, ocurre que a Pablo Epstein, su protagonista, lo habita un feroz cáncer de testículo. Al año siguiente el golpe militar del 1976 le carcome la conciencia política y de allí que el personaje principal sufra una desintegración físico-existencial, que no se sabe bien si responde más a su enfermedad o a las consecuencias de un régimen predatoriamente militar. Lo cierto es que nuestro hombre asiste a un proceso de autodestrucción física y mental que como sea responde a una doble vertiente: su enfermedad real y una implicancia del escenario político del tiempo que vive.
En cierta forma el punto de partida de esta nota de opinión es la implicancia del tiempo político actual. La frecuencia con la que escuchamos frases que preocupan por la linealidad de las expectativas que retratan, ya que se entregan con alegría y las más de las veces con esperanza de felicidad y realización, generan esta reflexión. Frases como “hay que votar para que esto cambie”, “gente que no venga de la política”, o “políticos con patrimonio propio para que no se afanen la guita nuestra”, forman parte de un acervo propio y común a los últimos escenarios electorales. Dichas afirmaciones comprenden un sinsentido perverso en tanto que son funcionales a los intereses de los que arriban a la política en representación de grupos económicos y no de proyectos políticos. No saben bien qué hacer con la política pero tienen muy claro a qué vienen. Estas elecciones presentan entre las opciones electorales posibles, dos situaciones claras: de un lado el discurso de la letanía que desde hace diez años anuncia catástrofes que no suceden y la asunción al cargo de presidenta para lo cual la ciudadanía no la ha elegido nunca. Bien, de Carrió ya se hizo cargo el pueblo y las urnas. Por otro lado esta el discurso del Pro-cambio que en la ciudad de Buenos Aires es gobierno desde hace año y medio. Bien, no han podido siquiera cumplir la cantidad de kilómetros de vías subterráneas que habían prometido durante la campaña. En 2008 el gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires ha subejecutado el presupuesto destinado a cultura, utilizando sólo el 40 % del mismo. Ahorran en cultura y mezquinan en educación con el argumento que pueden pagar sueldos básicos de hasta mil quinientos pesos, aunque prometan sueldos mínimos de tres mil para una policía que aún no han logrado crear. Son los mismos que se erigen en renovadores de la política esgrimiendo su no-vinculación con ella. Proponen dudosos empresarios como la nueva dirigencia, sin embargo, se desconocen sus propuestas electorales. Quienes plantean el “cambio” como una instancia necesaria y positiva, tienen serias complicaciones a la hora de mostrar su labor legislativa y ejecutiva, ya que se ausentan compulsivamente de las sesiones. Con respecto a la gestión ejecutiva, tampoco ejecutaron las obras que prometieron y no existe una gestión que avale lo que ahora prometen nuevamente. Entonces, ¿el cambio de qué o para qué? Así las cosas, el cambio que se postula es un salto al vacío; proponen iniciar una experiencia entre improbados dirigentes en medio de una crisis económica fenomenal que tendrá consecuencias sociales, mientras transcurre la gestión de un gobierno nacional, con contradicciones pero con un proyecto vigente. Proponen cambiar de rumbo para verificar si son capaces o no de campear esa crisis. ¿Y si no lo son, quién pagará las consecuencias? La cuestión de fondo es que en verdad lo que proponen no es el “cambio”, más que una alternativa es un intento refinado de obturar el proceso iniciado en 2003, demostrando que no quieren una Argentina cuyo rasgo distintivo sea la inclusión social. Esa propuesta del “cambio positivo”, además de infantil, adolece de lecturas posibles, de factibilidades políticas. Finalmente se trata de gobernar, muchachos. Sin duda, al gobierno actual le cabe corregir los errores cometidos y mejorar lo hecho hasta aquí. Ahora, desear que esta compleja y disruptiva situación mejore porque el oficialismo pierda las mayorías electorales, al llegar el “cambio”, es iluso y mezquino. Seamos astutos, distribuyamos la ilusión y la esperanza allí donde la lucha y el rédito sean posibles y no meras utopías electorales. Como dice Don Corleone en El Padrino III: “No odies a tu enemigo porque nubla el juicio.” Y no es tiempo de buscar derrotas evitables. Ignacio Fittipaldi Comentarios (2) El recaudador de angastaco Me parece que la nota esta muy buena, es un analisis muy lucido y esta bien escrita, con buenas figuras y originales recursos pero a mi parecer tiene un defecto o error: esta escrita -o fundamentada- como si las elecciones fueran para cargos ejecutivos, no les parece?? Ernesto Linares Comparto 100% lo que dice el firmante del articulo . Yo en Facebook puse algo parecido hace dos meses cuando apareció De narvaez, al cual francamente no recordaba haberlo visto desde la elección de Menen , en la que estaba como en postulante a no se que, pese a que supuestamente es un diputado en actividad , actividad ?. Es de un caradurismo que me recuerda a Menen , mucho carisma y una sonrisa chanta que ya esta anunciando que nos va a empomar a todos !. Bien el comentario acerca de Carrio ; se ha ungido en la reina madre del pais . Reina de los salamines... para de morfar gorda impresentable , vas a explotar !!!
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